Analogía:
Razonamiento basado en la existencia de atributos semejantes en seres o cosas diferentes.
Y éstas son las mías...

lunes, 21 de mayo de 2018

Del Reglamento General de Protección de Datos (y su p... madre).



Histéricos, estamos todos histéricos.
¡Miles de euros! ¡Que nos pueden multar con miles de euros si no seguimos a rajatabla el RGPD! Amos, amos... ¿Y todo por echar un rato escribiendo y otro leyendo? Vamos que no, que no compensa. Al menos a mí.

Para el que no sepa de qué va la vaina: resulta que han cambiado las normas y ahora, cada una de las subscripciones que recibimos de cualquier página de internet ha de ser confirmada, consentida, firmada y sellada con lacre. Vamos, tal que un matrimonio de reyes en pleno medievo.

Yo no vivo de mis blogs. Hice una intentona para ver si metiendo algún anuncio la cosa resultaba lo suficientemente rentable como para que me diese pa' un café, pero ni eso. El caso es que anda todo dueño de blog , WEB o sitio en el que postee que tenga al menos dos seguidores, desesperados revisando cláusulas, compartiendo información de —en la mayoría de los casos— cosas que no sabemos ni para qué carajo sirven ni cómo ejectuarlas.

En mi caso, mi espíritu práctico me aconseja que no me adelante a los acontecimientos, ya que mi blog pertenece a Blogger, cuyo dueño y señor es el dios Google y, como dios que es, magnánimo y todopoderoso, os hago saber que voy a desactivar el servicio de Feedburner (que es el que gestiona las subscripciones) hasta que San Google se pronuncie y diga qué hay hacer. Que una tiene poco tiempo como para invertirlo en algo que debería ejecutar e informar el proveedor, y que trabajar pa' ná' es tontería.

Así que, a partir del 25 de mayo, veré si gestiono el envío de las entradas con otro gestor de newsletters (válganos el anglicismo) o si ya nos dice el "jefe" lo que hay que hacer para que sigáis recibiendo mis Analogías, como siempre.

Solo espero que si véis que tardo en escribir más de lo habitual (que ya es decir), os paséis por aquí for if the flies, no vaya a ser que haya que volver a subscribirse  matando a un unicornio verde o bebiendo sangre de una virgen (esto último, jarto difícil).

Mientras tanto, aquí queda esto.



martes, 8 de mayo de 2018

De cómo perder el glamour a perder la dignidad (y seguimos).

Hace un tiempo, os relaté en esta entrada, las penurias que pasé al ir a una fiesta de alto standing y el estado lamentable en el que volví. No, no especuléis demasiado, que no tiene nada que ver con la ingesta masiva de alcohol. Pues bien, parece que segundas partes también son buenas, y he de ahí que la anécdota sea para clamar al cielo (nunca mejor dicho). Es que parece mentira que no aprenda o puede ser que haya perdido práctica, aunque creo esta vez  han sido los dioses —o los planetas— los que han confabulado contra mí.

El tema viene a colación de otro evento de similares circunstancias al de la entrada que ya he citado, solo que ahora en lunes. Así, para empezar bien la semana. El caso es que me organizo y pienso: «a ver, ya que el sarao es a las 19:00 y voy con la hora muy justa, si salgo del trabajo ya arreglada, maquillada y vestida, intento apacar en la calle a golpe de ORA. Y si veo que la cosa se complica lo meto en un parking». Afortunadamente no hizo falta. Conseguí aparcar a la primera. Yo, toda orgullosa de mi hazaña, que para algo está la zona SER y hay que hacer uso de ella. Así, me doy margen para aparcar las dos horitas en zona azul, justo el tiempo que necesitaba.

Lozalizo el parquímetro de turno y veo a un hombre desesperado y mascullando algo relativo a los familiares de la alcaldesa. Tenía serios problemas a ritmo de "pi, pi, pi, pi" que no entendí por qué. Lo hice después, cuando me tocó enfrentarme a la misma situación: marco la matrícula, la confirmo y, cuando voy a poner el tiempo estimado, entiendo a santo de qué bufaba el pobre. Resulta que estábamos ante el... ¡¡¡¡PARQUÍMETRO CACHONNNDO!!! y es que, al presionar el botón de + (más minutos), el susodicho invento del diablo cogía carrerilla y acababa pasando hasta las 9 y pico de la mañana del día siguiente. ¡Buf! Me doy cuenta y retrocedo con el símbolo - y veo que la numeración digital va hacia atrás minuto a minuto. Con-dos-o-jo-nes (léase a velocidad de gusano ajeno a la gravedad terrestre).

jueves, 15 de febrero de 2018

Con la G, de Gilipollas.


Imagen relacionada¿Alguna vez os habéis sentido como Jon Snow, Uma Thurman o la niña del exorcista? Pues yo sí. 

Y es que hay veces que tengo la sensación de que se alinean los planetas, o si acaso, me han debido de ver cara de retromonguer o de mujer cándida, inocente, cual sumisa ama de casa y empleada por cuenta ajena que no revisa sus facturas porque no le da la vida pa’ más.

Así que como ando aún rumiando con el temita de marras, utilizaré la técnica del gran Goyo Jiménez, y como tal os diré que no lo cuento, lo hago escribo:

viernes, 14 de julio de 2017

Cómo detectar un día de mierda (que podría ser peor).

Resultado de imagen de dia de mierda

Todo empezó la semana pasada, el jueves, concretamente, cuando cayó la hecatombe sobre Madrid convertida en agua, y yo estaba en el gimnasio, subida a la elíptica, deleitándome ante el panorama de ver las Cataratas del Niágara resbalar por los enormes ventanales del edificio. Pensaba en la suerte que había tenido al no haber pillado el tormentón de camino y no haberme mojado.

El deleite me duró poco cuando, al volver a casa, escuché un sonido extraño dentro de mi vehículo. Después, noté, anonadada, (y nunca mejor dicho) cómo se me calaban los pies. Sí, es una sensación extraña. De pronto te mimetizas con Vilma Picapiedra y piensas que lo que tienes no es un coche del 2011 sino un troncomóvil del Pleistoceno. Te entran sudores fríos que se solapan con la humedad de la lluvia y te preguntas si tu coche está para el arrastre porque tiene un boquete en los pies... o vete tú a saber qué. «Verás el rejón que me van a meter en el taller, ¡y encima antes de las vacaciones!», pienso.Tengo el carnet de conducir desde los 19 años y, por cuestiones de autoestima no voy a decir la piara de tiempo que llevo conduciendo, pero sí, son muchos, y con diferentes coches, y os juro que esta es la primera vez que me pasa algo similar.